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Historia

Breve reseña histórica de LA PAISANITA. Testimonios


Allá por el año 1945, se formó en Buenos Aires una compañía llamada Villa La Paisanita que compró a la Familia Lozada LLanes alrededor de 600 hectáreas de campo con la finalidad de lotear las tierras y urbanizar la zona. El loteo estaba a nombre de Juan y Ernesto Milani, socios de un conjunto de 13 personas entre los que se encontraban Juan Xifra (gerente) y sus hermanos Juan y Pedro; la familia Durán; Ernesto y Juan Luis Milani, Pedro Molinari y otros. Enrique Xifra  con su esposa Lidia, su hijo Enrique y  sus padres, Antonia y Juan, junto a tres de sus socios visitaron por primera vez la villa en el verano de 1946. Pararon en Alta Gracia,  y fueron a la villa en sulky. El lugar estaba despoblado y solo había un camino de tierra.

A partir de allí se empezaron a realizar las primeras construcciones:

  • El hotel el Rincón Serrano: regenteado por Don Federico Marcus -el famoso “pelado”- y por su esposa Garda, ambos judíos alemanes. En ese entonces funcionaba solo como bar y restaurante.

          

           

  • Había hamacas y metegol, noches de truco, almuerzos de fin de temporada, charlas eternas, bailes de disfraces... El hotel fue creciendo en habitaciones y muchos pensionados alemanes pasaban largas temporadas en él. Los domingos había dos turnos para comer y se atendía también en las mesas de afuera. Había servicio de viandas a domicilio con un pibe que las repartía. y entre el kiosco y el hotel había un intercomunicador para hacer pedidos. Luego lo compraron los hermanos Carlos y Jorge García.

          

  • Los primeros challets: el de Durán (actualmente de la familia Pieresa), el San Sebastián (actualmente de la familia Menendez), el de Valles, el de Garay, El Atalaya, El Mendocino (construído por la familia Xifra y luego vendido a una familia de Mendoza -de ahí su nombre-) y el que está frente a los departamentos en el que un verano paró el cantor Gregorio Barrios (en la fot, tomada en el 53, es el de la derecha)

          

  • Se construyó el famoso hongo, en cuyo centro había un kiosco para atender a  los turistas que iban a la playa, y también se hicieron pasarelas de contención del río.

          

          

  • Antes de que se cerrara la bajada al río del Rincón Serrano, había una cascada con una cueva.  Estaban los que se animaban a entrar a la cueva, los que se tiraban al río desde la base del hongo y, los más osados, que se tiraban desde la baranda ya sea parados o de cabeza. Además había dos casacadas más pequeñas abajo de la pasarela que iba a los vestuarios, donde algunos hacían su ritual diario de masajes acuosos.

          

  • En los primeros años, la villa tuvo un gran crecimiento. Venían varios micros por día . Las familias que tenían sus casas se instalaban a pasar todo el verano. Muchos turistas pasaban el día.

                     

  • Lo que hoy es la hostería Complejo Mi Hogar, pertenecía a la familia Castelnuovo y funcionaba como departamentos.
  • La Capilla Nuestra Señora de Luján se inauguró el 8-4-1950
  • Durante el invierno de los 70’ se firmaron algunas escenas de Nazareno Cruz y El Lobo. Nadie en la zona quiso perderse la filmación. "A mi hostería venían por las noches a tomar unos tragos, pero el equipo se hospedó en dos hoteles que ya no existen", cuenta Mirtha, cuyo perro negro de entonces actuó de lobo en una de las películas más vistas en la historia del cine nacional.
  • La madrugada del 31 de enero de 1975, la creciente se llevó al viejo hongo, quedando sólo  hierros retorcidos. No tardaron mucho en reconstruirlo.

                   

           

  • El 15 de abril del 57 el señor Alberto Maineri, designado supervisor, eleva los antecedentes de constitución de la comisión vecinal de la localidad de La Paisanita.
  • La Sociedad de Fomento de Villa La Paisanita construye la posta policial y la inaugura el 28 de febrero de 1962.
  • El edificio comunal se compró en agosto de 1978 y en 1988 la villa se declara comuna.

Gracias a la familia Xifra por su testimonio!

Cualquier vecino que quiera aportar el suyo es más que bienvenido.


La Isla


Hace casi ya dos siglos, dicen que La Isla era uno de los paseos predilectos del Virrey Don Santiago Liniers.

Allá por el año 1938, siendo José Domenech presidente de la Unión Ferroviaria, el pro-tesorero Luis Girola compró al Sr Rafael Lozada con fondos de la organización 133 hectáreas de tierra linderas con el Rio Anisacate, donde construyó en el año 1942 el primer sector de la que es hoy la paradisíaca “Colonia de Vacaciones de la Unión Ferroviaria”.

El traslado desde Alta Gracia a la Colonia de Vacaciones se efectuaba en colectivos pertenecientes a la propia Colonia.
Luego de recorrer unos kilómetros por caminos serranos, y después de una última curva se presentaba ante los ojos de los viajeros la siguiente vista panorámica.

Colonia de Vacaciones de la Unión Ferroviaria de Alta Gracia

 


El pórtico de ingreso a la Colonia está construido en piedra, posee aleros de tejas coloniales, y está protegido con "guardaganado".

En el inicio de su construcción (años '40) las instalaciones eran las que se observan en la siguiente fotografía.

Posteriormente se construyeron gran cantidad de chalets donde las familias ferroviarias eran alojadas a poco de su arribo.

 

Estas hermosas viviendas contaban con habitación dormitorio, pasillo y baño. Para desayunar, almorzar y cenar, el complejo veraniego contaba con un imponente Comedor donde los cocineros, maitres y mozos atendían de manera excelente a los ferroviarios

El menú, tanto en el almuerzo como en la cena, era distinto para cada día de la semana.
Así, las familias veraneantes se despreocupaban por las comidas, y generalmente estaban pendientes del reloj sólo para llegar a tiempo al comedor.
El resto del tiempo solía utilizarse para realizar paseos.

Por las mañanas salía un colectivo desde la Colonia a la ciudad de Alta Gracia para quienes necesitaran efectuar compras en dicha ciudad o visitar sus atractivos turísticos. Otros paseos podían hacerse a pie recorriendo los alrededores del complejo turístico, y, por ejemplo, ascender a los cerros "La Banderita", o "La Cruz" (situados en las laderas serranas circundantes). También era posible juntar peperina y otras hierbas, acceder por senderos a una mina de mica abandonada, o llegar hasta el balneario "La isla".
Otras caminatas: saliendo por el sector opuesto al acceso principal del complejo- hacia otro balneario llamado por los ferroviarios "El río" donde se conjugaban las sierras, las rocas, la arena y el río.

Hasta dicho lugar se llagaba luego de caminar aproximadamente 20 a 30 minutos por las sierras; ese camino era cruzado en tres ocasiones por un pequeño curso de agua transparente que baja de las sierras y en el que se podía recolectar berro y luego solicitar a los cocineros del comedor que lo prepararan en ensalada para la cena o el almuerzo del día siguiente. Si la estadía era en el mes de enero, era posible recolectar duraznos silvestres (que ya estaban maduros) de los durazneros que crecían en las laderas de las sierras circundantes a este balneario.

Si se optaba por permanecer en la Colonia, lo ideal era disfrutar de la pileta de natación. La misma fue proyectada y construida aprovechando las aguas de un brazo del río que surca el predio de la Colonia. El agua del río ingresa por una suave pendiente concretada en hormigón y piedra que va ganando profundidad hasta llenar el hermoso natatorio.

En el otro extremo se dispuso una compuerta la que una vez llenada la pileta permitía salir el agua sobrante rebalsando, la que volvía a formar un curso de agua que discurría por las instalaciones del complejo, cruzaba el camino existente posterior al acceso principal -formando un vadén sobre él- y se alejaba siguiendo las pendientes serranas.

Desde el alto mirador se obtenía una vista panorámica de la colonia de vacaciones y los cerros de las proximidades; se ascendía al mismo por una escalera construida en madera que bordeaba exteriormente las paredes del mirador.

También había burros y caballos de alquiler a la salida de la puerta chica cerca de la pileta

En el ano 1946 Evita Perón  inaugura la escuelita, enfrente de la colonia, para ofrecer clases a nivel primario los hijos de los ferroviarios.

Gracias Gabriel Miranda, hijo de ferroviario, por tu testimonio!

Cualquier vecino que quiera aportar el suyo es más que bienvenido.

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